→ ...seguir
Exceptuando a mis equipos de fútbol y alguna que otra banda de rock, casi nunca he sido devoto, constante ni perseverante siguiendo nada. No me caló aquel "siganme los buenos" que de niño tantas veces escuché decir a Chespirito, no he hecho de mi vida una peregrinación siguiendo a Jesús, Buda o Mahoma, tampoco sigo políticos ni profetas, jamás seguí una mujer por mucho tiempo ni a todas partes, y como bien dice Antonio Machado, "nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción".
Debe ser por eso que no le encuentro el chiste al fenómeno que desde hace algún tiempo ha ocasionado Twitter, el famoso servicio de microblogging que hace las veces de red social y que permite a sus usuarios enviar y "seguir" micro-entradas de 140 caracteres desde Internet y dispositivos móviles.
Por supuesto que entiendo la repercusión que Twitter tiene en facilitar el seguimiento de eventos en directo, la retransmisión de charlas y ponencias a las que poca gente tiene acceso, el intercambio de opiniones durante un evento en el que la gente asiste como público, etc. Puedo incluso avistar alguna ventaja comercial de emplear Twitter en algún emprendimiento y ya he identificado alguna entidad o evento que creo que vale la pena seguir. De hecho, para no ser el sujeto que luego se arrepienta de haber dicho "de esta agua no he de beber", admito que ya he creado una cuenta y reservado un nombre.
Sin embargo (y muy a pesar de las insistentes invitaciones a seguir y dejarme seguir), la sola idea de adoptar el servicio y convertirlo en un canal de intercambio masivo, instantáneo e ininterrumpido para informar cada cosa que digo o hago, y a la vez informarme de cada cosa que mis amigos y conocidos dicen o hacen...como que ya transgrede mis fronteras. La idea de seguir de oficio me aburre, la de ser seguido me compromete y atribula.
Además de mi consabida actitud ermitaña y paranoica, mi desapego y desinterés por seguir cada detalle que mis conocidos publiquen, la sensación de molestia que experimento cuando mi teléfono suena inoportunamente, la extrañeza que me causa el que haya personas siguiendo minuto a minuto la vida de otros (con el mismo afán incomprensible que les impele a publicar cada vez que tienen hambre, comen, duermen, van al baño o les chillan las tripas); son reacciones todas que muy probablemente se sustentan, en buena medida, en el hecho de que formo parte del ala mas radical de la generación que creció sin teléfonos celulares, sin sistemas de posicionamiento global ni redes sociales. Esa misma generación en la que era tan fácil ocultarse y desaparecer, perder el contacto y eventualmente todo rastro y vestigio de personas y lugares.
Quizás sea porque en el fondo soy esa suerte de disparatado que prefiere medio hacer falta que aburrir, ser extrañado antes que ser invadido. Acaso se deba a que soy del tipo que disfruta de la pausa en el sistema, del shutdown y del colapso de la interfaz, ese que no se concibe a si mismo como un terminal dedicado, que casi nunca usa el chat, que no tiene un perfil creado en Facebook y que cada tanto abandona la complejidad de la red para reducirse a lo humanamente básico, que valora la visita pero se irrita con la permanencia.
Creo que mas bien quiero poder encontrarme cara a cara a mis amigos y tener algo nuevo que contar o escuchar con genuino interés, mas no un intercambio tan invasivo y constante que raye en lo superfluo y hostigoso. Quiero entrar ocasionalmente a la Matrix...no vivir allí todo el tiempo.
Es un hecho que las nuevas tendencias en socialización virtual están implantando estándares y fomentando hábitos que (al menos por hoy) no pretendo seguir...
Andres Calamaro - Para Seguir
Nacha Pop - Persiguiendo Sombras
Elefante - Déjate Seguir
Alice In Chains - Don't Follow
Deas Vail - Follow Sound
